miércoles, 20 de mayo de 2015

Edición ciento veintitrés

Una edición que vio la luz en abril de 2014, cuando salió en papel. Con las colaboraciones de Diego Guerra, Byron Vélez y Truchafrita. Aquí va, en digital, para deleite de chicos y grandes.



lunes, 13 de abril de 2015

Una bruja, un gato y un búho, dibujos de un travesti

Ese día Búho cumplió años y sus amigos, después de hacerle un mal comentario, decidieron resarcir su afrenta regalándole un cigarrillo de marihuana e invitándolo a lo que sería su segundo regalo de cumpleaños: toda una sorpresa. En medio de un mal vuelo montaron a Búho en un automóvil y lo llevaron donde su amigo común Warewolf Jones. En casa, los tres amigos: la bruja, el gato y Warewolf Jones, decidieron mostrarle su segundo regalo sorpresa a Búho: lo condujeron a una habitación vacía y, al someterlo, decidieron sodomizarlo. Después de un rato de vejación, Búho logró liberarse de sus amigos y estos celebraron, al unísono, el maravilloso regalo sorpresa que le habían dado a su amigo. Como era de esperarse, días después, Búho se sentía muy mal, ultrajado, mancillado, por eso la bruja y el gato decidieron alegrarlo regalándole un juego de video y una bolsa con marihuana; al final Búho sintió que esos eran sus verdaderos amigos.

Historias como estas aparecen en el libro de cómics Hechizo total (Ed. Fulgencio Pimentel, 2014), de Simon Hanselmann. Se trata de una serie de situaciones que, en su mayoría, involucran a tres amigos que viven juntos: una bruja, llamada Megg, el gato Mogg y Búho. Pero su relación es un poco más particular pues casi todo el tiempo se la pasan intoxicados de alcohol, marihuana, metanfetaminas y, quizás, porque no parece muy claro, de crack. Hay pipas y botellas por todos lados de la casa, además de un caldero donde Megg también parece mezclar drogas. Es una típica casa de yonquis.


A pesar de lo que se pueda pensar, Hechizo total no es un libro pesado, denso o depresivo; todo lo contrario, se trata de una serie de historietas frescas, con algunos pases de absurdo, de nihilismo, pero sobre todo muy divertidas e hilarantes. Las aventuras de estos tres, sumadas a las apariciones esporádicas del mago Mike y del casi impotable Warewolf Jones, son en muchos casos para reír a carcajadas (bueno, eso como siempre depende de los prejuicios que cargue a cuestas el lector). Megg y el gato Mogg son novios, y casi todo, incluso drogarse, lo hacen juntos. Búho, en cambio, siempre trata de corregir el rumbo de su vida, de dejar las drogas, de enderezarse, de conseguir un trabajo y una relación amorosa estable, pero todo parece torcerse y volver por el camino malo de la vida. Gran parte de las recaídas de Búho son causadas por sus amigos Megg y Mogg que, en parte, quieren burlarse de él y, por otro lado, no quieren que los abandone, o que abandone la vida de esta casi perfecta relación de trío de yonquis. Ese ir y venir de Búho, entre el buen camino y el tortuoso mundo de las drogas es parte del leitmotiv de Hechizo total. Búho es, en muchos casos, el muñeco de prueba de bromas pesadas de sus dos amigos.
Pero, aún más, Hechizo total es un libro que habla sobre la amistad, no importa en qué circunstancias se dé o bajo qué tipo de características. Megg, Mogg y Búho mantienen una relación férrea de amistad que los une en las aventuras, en la aburrida cotidianidad y en el consumo de drogas. Uno podría decir que el dibujo de Hanselmann refuerza esa cualidad especial en las historias de Hechizo total, pues sus cómics están dibujados de una forma naif, con un trazo sencillo y, en algunas ocasiones, con un coloreado básico en donde abundan los colores planos y primarios. Eso sí, también vemos una fuerte presencia de un verde amarillo, en el rostro de Megg y en las sustancias que consumen, que hace de este tono de color un distintivo estético del libro.


La vida del autor de Hechizo total es también muy particular. Simon Hanselmann (Launceston, Australia, 1981) viene de una familia descompuesta: su madre es una adicta a la heroína; criado por su abuela, vivió en medio del mundo del desempleo, la pobreza y las drogas en Launceston, una población con los más altos índices de criminalidad en Australia. Así que Hanselmann ha hecho lo de muchos autores, retratar su propio mundo, en donde se crio y lo que tiene alrededor. Una particularidad más hace que Hanselmann se destaque, pues es travesti, así que casi siempre se le puede ver en fotografías muy a gusto con sus vestidos de mujer. Incluso algunos han visto en esta actitud y en la existencia de la bruja Megg un álter ego del mismo autor.


Hechizo total es una obra que muchos puede considerar transgresora, fuera de lo políticamente correcto, que son características de algunas historietas que ya hemos visto antes en otros autores —en especial, los del llamado cómic underground norteamericano, de las décadas del sesenta y setenta, en especial figuras como Robert Crumb—. Pero Simon Hanselmann lo trae renovado, con nuevos giros que hacen, o vuelven a hacer reír y a divertir. Se siente un aire fresco en las obras de Hanselmann, sobre todo en estos últimos tiempos en donde la historieta, y en especial el formato de novela gráfica, ha tomado un tono tan adusto y serio (tan “adulto”, pensarán otros). Hechizo total nos recuerda que la historieta también es para reírnos, para sentir que cometemos alguna afrenta por leer algo que parece inmoral, impúdico, escabroso, prohibido.

Álvaro Vélez (truchafrita)

miércoles, 18 de marzo de 2015

Edición ciento veintidós

Sin decir mucho, y esperando que esta edición digital diga algo, presentamos el número 122 (marzo de 2014) de la gacetilla robot. Adelante, a leer y olé.


viernes, 16 de enero de 2015

Edición ciento veinte y ciento veintiuno

Así, con unos colores mariconcitos empezábamos el año de 2014. Además de la homosexualidad, latente los pigmentos del papel y la tinta, también empezábamos el año pasado con una edición doble (justo como empezaremos este 2015, una edición doble que saldrá en papel la próxima semana), correspondiente a los meses de enero y febrero del mencionado año.
La palabra "año" y "ano" son muy parecidas a simple vista, sin embargo una sola rayita (curvada) sobre la letra "n" hace grandes diferencias. No estamos seguros si lo mismo sucede con esta edición doble de la gacetilla Robot, nos referimos a que si los colores gay de esta edición 120-121 hacen justicia con un contenido acorde a su primera visualización o, si al contrario, lo que dice es muy diferente a lo que muestra a primera vista...
No sabemos si hemos sido lo suficientemente claros con el símil anterior, si no lo fuimos no importa (nada importa de todas maneras). El caso es que dejamos esta edición digital, como es habitual, para que usted se deleite con las colaboraciones de Nomás, Luto y Truchafrita, además de unos textos preparados por nuestro equipo de niños esclavos (por eso la mala ortografía y la sintaxis en esos textos, aunque como dicen por ahí "los esclavos nunca sobran").
Hágale, lea esta edición y nos espera hasta la próxima semana cuando salga en Medellín la edición doble (131-132), en papel, de la inmortal gacetilla Robot.




viernes, 12 de diciembre de 2014

Un viaje del corazón

La historia comienza con algo de oscuridad y misterio: unas viñetas iniciales que parecen el recuerdo de algo, de un algo vago, olvidado; después nos vamos directamente a un ring de boxeo en donde los pugilistas parecen enfrentarse por minucias, como siempre parece que sucede en la mayoría de los combates de boxeo. Estamos en el inicio de Come Prima, una novela gráfica de Lionel Papagalli, quien usa el seudónimo de Alfred (dibujante nacido en Francia en 1976), y desde esas primeras páginas ya muestra una contundencia, una cadencia y el buen manejo de la narración y el dibujo en comic.

Come Prima (que traduce “Como antes”, pero ha sido editado en español con el título original. Ediciones Salamandra, Barcelona, 2014) es la historia de dos hermanos, Fabio y Giovanni, quienes emprenden un viaje desde Francia hasta Italia. Fabio, un boxeador de medio pelo, dejó su hogar, en Italia, desde adolescente, y Giovanni ha decidido viajar hasta Francia en busca de un reencuentro. La excusa para llevarse a su hermano mayor de vuelta a Italia es organizar la herencia tras la muerte de su padre, quien por cierto ha viajado con Giovanni, o por lo menos lo ha hecho lo que resta de él: una urna con sus cenizas.
La novela gráfica será entonces una especie de roadcomic (si es que el término se puede usar), una historieta de carretera en donde los dos hermanos, con la compañía de las cenizas de su padre y un perro, que luego recogerán en el camino, vivirán una suerte de situaciones en donde el misterio de la huida de Fabio, de la Italia de su infancia y adolescencia, se iráaclarando. Las diferencias del hermano mayor con su padre, por su simpatía con los camisas negras fascistas, la traición al sindicalismo y la orientación de izquierda del difunto padre, y los golpes que recibe Fabio de su progenitor, cuando el hijo le cuenta sobre su decisión de formar parte de las filas de Duce, configurarán parte del cuadro del pasado que apenas comienza a resolverse para sus protagonistas.

El Simca 500, en el que van desde Francia hasta Italia, se convertirá en el escenario de muchos de sus desencuentros en la carretera, pero también el pequeño automóvil y su recorrido servirán para que los lectores disfrutemos de los paisajes bellamente dibujados por Alfred: el paso de ciclistas por la carretera, la parada en la orilla de un lago, el cruce del ferrocarril, la estadía y el paso por algunos pueblos, posadas y bares al lado de la zigzagueante carretera, los árboles, los campos cultivados, las nubes, los colores de cada ambiente y ruta por la que van los hermanos aparecen a los ojos del lector como otro personaje. Alfred también nos va contando algo de ese pasado que distancia a los hermanos con las conversaciones entre ambos, en donde vamos atando cabos, pero también con la irrupción cada tanto de secuencias de viñetas que nos muestran cuadros de ese pasado, de la infancia de Giovanni, de la adolescencia, de la aparente rebeldía y de la huida de Fabio.

Cada uno de los hermanos tiene algo que callar, o incluso que ocultar, pero poco a poco todo nos será develado. Viajamos con Fabio y Giovanni por su pasado y, obviamente, por su presente. La relación, que en un principio era muy tensa, terminará suavizándose con el correr de las horas, con la conversación entre dos hermanos que, al fin y al cabo, se quieren de verdad. La llegada nos deparará una última sorpresa, la posibilidad de Fabio de reconciliarse definitivamente con su pasado.
En Come Prima parece que su autor ha puesto toda la carne en el asador: un dibujo entrañable, que hace del viaje de carretera de los dos hermanos un disfrute para el lector; unos colores que aumentan las sensaciones de los que estamos leyendo; una narración íntima, serena, pero también dinámica, fuerte y contundente que muestra las profundas emociones que embargan a sus personajes, y un manejo del lenguaje de la historieta que nos hace ver y pensar el pasado y el presente de Fabio y Giovanni. Es una historia, en todos los sentidos, muy bien lograda, no en vano Come Prima fue premiada en 2014 como la mejor obra en el Festival Internacional de Cómic de Angulema (Francia), que es quizá el festival más importante de historietas en el mundo.

Fabio parece tener una última oportunidad para reconciliarse con su pasado; quizá lo logre porque al llegar a Italia ya es muy diferente al Fabio que partió de Francia, en parte de eso se trata el viaje, porque, como sabemos, no solo se trata de cambiar de un sitio a otro. Esa es la sensación que se tiene cuando se lee la última viñeta y se cierra el libro de Come Prima: no solo ha sido un viaje de Francia a Italia, también ha sido sobre todo un viaje del corazón.

Álvaro Vélez (truchafrita)

viernes, 28 de noviembre de 2014

Edicion ciento diecinueve

Mientras vemos la salida esta semana, y en papel, de la edición 130 de la gacetilla Robot, recordemos esta edición 119 (de diciembre de 2013) que levantó ampolla en algunos sectores políticamente correctos (por aquello de que la pluma puede ser mas eficaz que la espada, nos imaginamos).
Aquí va, nos vemos en las curvas:


miércoles, 29 de octubre de 2014

La gran guerra dibujada

A principios del siglo II, después de Cristo, el emperador Trajano mandó construir un complejo urbano en la ciudad de Roma, este incluía un mercado y un foro. El complejo fue rematado con una columna que mostraba, con la ayuda de dibujos esculpidos sobre el mármol de Carrara, la crónica de la campaña y la victoria de Trajano sobre los Dacios. Esos dibujos en relieve, "enrollados" en la columna de Trajano, es uno de los referentes que demuestran la presencia de la narración gráfica desde tiempos antiguos.

También es referente claro de la prehistoria de la historieta el tapiz de Bayeux, un lienzo bordado del siglo XI y de casi 70 metros de longitud que describe la conquista de los normandos sobre Inglaterra, y que finalizaría con la batalla de Hastings. Es a partir, y de manera más directa, de este referente que parte Joe Sacco para elaborarán su obra de La Gran Guerra (Penguin Ramdom House, Barcelona, 2014). Es clara la influencia del tapiz de Bayeux y Sacco lo menciona en sus notas introductoras al libro.



La Gran Guerra es una narración gráfica que describe los acontecimientos del primer día de la batalla del Somme (el 1 de julio de 1916), que fue la más larga y sangrienta de la Primera Guerra Mundial –20.000 soldados británicos murieron y 40.000 quedaron heridos en el primera día–. El libro está construido a la manera del tapiz de Bayeux pues se trata de una sola pieza dibujada, de más de siete metros de longitud, y que permite su formato de libro gracias a que está doblado en forma de acordeón.


Sobre la Primera Guerra Mundial se han hecho otros trabajos importantes en historieta, en particular las obras de Jacques Tardi: La guerra de las trincheras y la posterior ¡Puta Guerra! Joe Sacco reconoce estos referentes en la introducción de su obra y argumenta la necesidad de hacer algo más, quizás diferente, a lo que el francés Tardi ya había escrito y dibujado. Por eso la emprende con un solo cuadro, de más de siete metros, en donde describe solo con la ayuda de sus dibujos el primer día del Somme: la preparación del ejército británico, en donde vemos como primer referente al general Douglas Haig (conocido como “el carnicero” del Somme); los caballos tirando las carretas con el avituallamiento o las baterías de cañones de diferentes calibres; la línea final del ferrocarril y la  entrega de armas y raciones de comida a los soldados; la construcción de las trincheras y la llegada al frente de las diferentes compañías del ejército británico; los aviones de reconocimiento y los primeros disparos de cañón hacia las líneas alemanas. Después de una noche, que también es dibujada, en donde podemos apreciar la llegada de la caballería india, empiezan los movimientos de hombres dentro de las trincheras mientras los cañones rugen con más intensidad sobre las líneas enemigas, tratando de aniquilar la mayor cantidad de alemanes para permitir que la ofensiva de los soldados británicos sea más efectiva. Se imparte ron entre las tropas para incentivar el valor y salen los primeros soldados británicos de las trincheras; se intensifica el ataque de los cañones y también se activan las baterías alemanas, en defensa de sus posiciones; vemos las primeras bajas en una escena que se convertirá en toda una carnicería.


Los momentos finales del largo dibujo de Joe Sacco nos recuerda las verdaderas consecuencias de la guerra: la larga fila de heridos que salen de las trincheras, después de su fallido ataque; las legiones de mutilados, que no dan abasto en los improvisados puestos de cirugía detrás de las líneas del frente y los muertos, que se acumulan en una sucesión casi interminable, y que es necesario enterrarlos de inmediato para prevenir muchos más males. Las cruces se van colocando, una vez cerradas las tumbas, una al lado de la otra en una serie que solo es interrumpida por alguna que otra estrella de David.

Joe Sacco ya nos ha mostrado los colores de la guerra en otros conflictos, como en Palestina y en la guerra de Yugoslavia, y lo ha hecho con gran maestría, con sus dibujos y apuntes, pero más en tono de periodismo de guerra. En La Gran Guerra esos logros en las obras anteriores de Sacco no se pierden, todo lo contrario porque se ven aumentados por un dibujo aún más logrado y detallado y, sobre todo, por el formato en que lo presenta. Al abrir los más de siete metros de este “tapiz” la impresión de estar presenciando todo un cuadro de la batalla del Somme se muestra de una enorme potencia.


La introducción al “tapiz” de Sacco viene en una cartilla que cuenta con un ensayo, acerca de la batalla del Somme, del historiador Adam Hoschschild, además de la descripción de algunas imágenes que aparecen en los más de siete metros de narración dibujada y que, obviamente, son el complemento perfecto para su lectura.

Antes se podía decir que la narración dibujada tenía un gran potencial, con La Gran Guerra de Joe Sacco, al igual que con otras obras recientes de algunos grandes autores del cómic contemporáneo, se puede decir que ya ha alcanzado ese potencial. La Gran Guerra amplía las fronteras de la narración dibujada y conserva, aún más que otras obras, su relación directa con referentes tan antiguos de la cultura y la civilización humana como la columna de Trajano y el tapiz de Bayeux.

Álvaro Vélez (truchafrita)

viernes, 3 de octubre de 2014

Edición ciento diecisiete y ciento dieciocho

Cruza los dedos, junto con nosotros, para que en el año 2015 podamos editar la recopilación de 130 ediciones de Robot. Será un libro hermoso, que recogerá más de un década (doce años) de historietas publicadas en la pequeña, pero buena y honrada, Robot. Vamos, cruza los deditos para que salga y podamos disfrutar todos de un libro digno del esfuerzo de años.
Bueno, mientras tanto volvámonos al año 2013 para revivir vergüenzas, alegrías, decepciones, tristezas y dos ediciones de la gacetilla Robot: las ediciones 118 y 119 (de junio y noviembre de 2013, respectivamente).
No vamos a decir nada más, disfruten de estas dos nuevas ediciones en digital y soñemos juntos con el gran libro recopilatorio.