viernes, 26 de agosto de 2016

Velásquez a través del espejo

En un duelo de ingenio, típico de grandes artistas con inflados egos, y aprovechando una visita al Museo del Padro, en este caso acompañados de periodistas y del séquito de ambos genios, Jean Cocteau preguntó a Salvador Dalí que, en caso de incendio, qué salvaría del Museo del Prado. Dalí quedó pensativo y retrocedió ante la pregunta que intuyó como una trampa de Cocteau, éste en cambio se apresuró a contestar que él salvaría el fuego. Sabiendo Dalí que frente a la prensa, y a la respuesta de Cocteau, no podía quedarse corto se hizo el que reflexionaba un momento (porque la respuesta, según él, ya la tenía pensada hacía mucho tiempo), atinó a contestar que Dalí se llevaría el aire, y el aire específicamente contenido en Las Meninas de Velásquez, que es el aire de mejor calidad que existe. Ante tal respuesta Cocteau inclino su cabeza y reverenció la maravillosa ocurrencia del pintor español.


Esta anécdota la relata el mismo Salvador Dalí en la emisión (de 1977) del programa de televisión española A Fondo, que era dirigido y presentado por Joaquín Soler Serrano. En ese programa fueron entrevistados, entre 1976 y 1981, grandes figuras del arte y de las letras de Hispanoamérica (cabe destacar la participación de figuras como Juan Rulfo, Julio Cortázar o Ernesto Sábato, entre otros). Pero hacia donde quiero ir con la anécdota de Dalí es hacía Velásquez y, específicamente, la que ha sido considerada como la gran obra de la pintura española Las Meninas. La historia que relata Dalí no es más que un sólo gesto de admiración de los cientos o miles que existen a cerca de la obra de Diego Velásquez, una forma más de comprobar dicha admiración y reverencia hacia el genio sevillano se da en forma de historieta, con la publicación de Las Meninas, una novela gráfica escrita por Santiago García y dibujada por Javier Olivares (Astiberri Ediciones, Bilbao, 2014).
La novela gráfica, de García y Olivares, nos lleva por un extenso recorrido en donde vamos a poder ver el ascenso del pintor Diego Velásquez hasta alcanzar su anhelado sueño: llegar a la corte del rey Felipe IV, pero el relato no se queda ahí, pues la novela gráfica nos va a conducir también hacia su obra máxima, de qué forma llega a realizarla, cómo llega hasta allí y cómo construye, a través de un espejo, una de las más grandes obras de la pintura universal.


La novela gráfica Las Meninas explora también la forma en que el cuadro ha obsesionado, influenciado y atraído poderosamente a grandes artistas, desde Picasso, hasta el grupo de pop art español Crónica y pasando, obviamente, por figuras como Salvador Dalí. Entonces, con estos elementos, la narración en la novela gráfica no es del todo lineal pues el hilo conductor: la vida de Velázquez y su encuentro final con su obra maestra, está interrumpida en ocasiones por las obsesiones de pintores y artistas con el cuadro en cuestión, además existen flash back hacia la juventud de Velásquez y apartes de la vida cortesana del siglo XVIII, haciendo de la narración un relato rico en matices e, incluso, lleno de simbolismos con respecto a la época y a la vida de pintor y su obra.


Si a esa narración rica en alamedas, callejones y pasadizos, le sumamos el dibujo de Olivares la obra destaca de entre el montón. Se trata de un dibujo con un pincel suelto, lo que maximiza la pureza y la fuerza de lo que se quiere contar, además el simbolismo y la época quedan muy bien plasmados con ese pincel que a veces es más grueso y desparpajado. Claro, Olivares también se ha permitido cambiar el registro estético de su historieta en algunos apartes de la narración, y no sólo estético sino también del montaje, de la configuración de las viñetas y del uso de otras técnicas que, hecho aquí de manera absolutamente consciente y sin excesos, contribuyen enormemente a que Las Meninas sea una novela gráfica aún más apreciable.


Por todas estas cualidades estéticas y narrativas, por tratarse de un tema trascendente para el arte universal y por ser, de hecho, construido con cuidado y maestría, la novela gráfica Las Meninas fue galardonada en el año 2015 con el Premio Nacional de Cómic, en España. Es una obra a la altura de lo que narra, es una demostración más del poder de la historieta cuando de tratar temas tan apasionantes como universales y, por supuesto, tan grandiosos como es la vida y obra de Diego Velásquez. Esta novela gráfica de Las Meninas es un espejo más por el cual se puede reflejar Velásquez, uno más después de aquel primer espejo que le permitió retratarse al lado del rey Felipe IV, un truco que no sólo le valió ese gran honor en su momento sino todos los honores del arte universal hasta la eternidad.

Álvaro Vélez (truchafrita).
Originalmente en la Revista Universidad de Antioquia, 325 (jul-sep de 2016).

jueves, 18 de agosto de 2016

Ediciones ciento veintinueve y ciento treinta

Hace rato que no ponemos ediciones digitales de la gacetilla ROBOT (que ya, en el pasado, salieron en papel), pero vamos a tratar de ponerlos al día, por lo menos poco a poco. Así que aquí van estas dos ediciones: 129 y 130, que salieron en papel durante los meses de octubre y noviembre de 2014, respectivamente.
Disfrute de estas dos gacetillas en digital y recuerde que la edición en papel de la gacetilla ROBOT sale cada mes en Medellín, Colombia (justo esta semana que viene sale la edición 142 en papel).





jueves, 7 de julio de 2016

Las niñas no entran

Antes de los once o doce años el mundo de todo niño –o por lo menos de algunos niños– es más respirable, más amable y más calido. ¿Qué rompe aquella espléndida armonía? Las niñas. Ellas llegan como sin querer las cosas y los niños, que anteriormente no queríamos sus “cosas”, somos arrastrados hacia su universo en donde es fácil caer en laberintos emocionales. La primera perdida de la inocencia –porque no hay una sola, sino que son muchas–, es empezar a comprender que los hombres somos esclavos de los designios y caprichos de, en principio, una niña de diez u once años que nos tira del brazo para que juguemos al papá y la mamá, entre muñecas, tasitas y platicos de plástico, alimentos y roles imaginarios, como preludio de lo que nos deparará en la futura adultez: llevar el dinero a la casa, cargar, jugar y, en definitiva, criar a los hijos, discutir con la esposa y demostrar el amor entre marido y mujer, con pequeños besitos furtivos, durante el juego de niños, que luego se convertirán en piezas de extorsión durante el juego real de la vida conyugal, en la adultez. ¿Cómo huir de tal preparación para la vida? ¿Cómo escamotear ese aconductamiento al que somos sometidos desde niños, para el desastre final que será vivir sufriendo por relaciones amorosas toda la vida? Desafortunadamente no hay salida. Existen sí pequeños artilugios que, a los hombres, nos hace pensar que estamos más allá de los dulces y, al mismo tiempo, ponzoñosos tentáculos de una fémina, pequeñas tretas sicológicas que hacen que nuestra vida de sumisión sea más llevadera.


Ya quisiera yo tener la respuesta apropiada, la solución infalible contra la atracción que empieza a despertar, en algunos hombres, las mujeres. Atracción que, como ya lo dije antes, hace que nuestra vida sea una constante montaña rusa de pasiones. Y es este el momento, antes de continuar con esta pequeña revelación, de aplacar los exaltados ánimos de quienes han alcanzado a llegar hasta aquí –intuyo que he de dirigirme especialmente a las mujeres–, de frenar al lector que está a punto de reducirme a un concepto y decirle de una vez que mi intensión no va en contra de la mujeres, que a lo que atiendo en este momento es a hacer evidente un aspecto que ya todos conocemos, pero que es necesario volver a revelar, y que tiene que ver tan sólo con lograr pequeños momentos de serenidad en nuestras atormentadas vidas. Desde mi infancia y hasta el sol de hoy lo he tenido en frente porque, aunque algunos piensen lo contrario, los dibujos animados también pueden dar luces a la existencia y qué secreto a voces me viene repitiendo Tobi desde mi más temprana edad hasta el inicio de mi adultez.

“De dónde vienes pequeña Lulú, eres toda mi felicidad”, canta una voz masculina al inicio de la serie de dibujos animados de La Pequeña Lulú (Little Lulu) –el estribillo con el que empieza la serie de la década de los ochenta, inspirada en la tira creada, en 1935,  por la norteamericana Marjorie Henderson Buell (Marge) y que tuvo sus primeras apariciones en la legendaria revista Saturday Evening Post–, y uno sabe que es esa la primera frase que surge después de conocer a una mujer: ¿De dónde cayó? ¿En qué momento llegaste aquí para tener la fortuna de conocerte? Y, luego, el dulce y primer efecto del enamoramiento: “eres toda mi felicidad”. Sabio pero engañoso inicio para presentarnos luego a una niña inteligente (Lulú) que maneja a su antojo su propia vida y a muchos de los que están a su alrededor, y todos sabemos que cuando una mujer tiene ese control nos enloquece y es precisamente eso lo que le pasa a Tobi. Aún no sé, a estas alturas de mi vida, si el gordito egoísta está enamorado de Lulú, de lo que sí estoy seguro es que Tobi tiene una pequeña artimaña para escamotear, al menos por momentos, la aplastante presencia de una niña como Lulú: se trata de su club, del que sólo pueden ser miembros los niños (no sobra decir, de todas maneras, que ninguna niña tendrá membresía), y es allí donde Lulú se desquicia por la obvia razón de no poder controlar ese espacio, Tobi puede relajarse un rato y respirar tranquilamente mientras la niña trata de ingeniárselas para hacerse miembro del club de Tobi y esos intentos repetidos se convierten en el leitmotiv de la serie de dibujos animados.


Por fin Tobi puede respirar tranquilo (al menos por un corto tiempo), sabe que las niñas han entrado a su vida y quizás intuya que ya nunca saldrán de sus pensamientos, las bolas de cristal, el trompo, el juego de pelota, la cauchera, los videojuegos y las relaciones con sus amigos, ya no serán nunca más actividades de sana competencia o desinteresado esparcimiento, ya todo pasará por el cedazo de seducir o buscar la atención de una mujer. La única opción para escapar del universo femenino es crear un mundillo de fantasía en donde una manada sin hembras contribuya al fortalecimiento, así sea momentáneo y ficticio, de los machos. Eso es el club de Tobi, eso es el billar y las viejas heladerías, las barras de los bares o ver los partidos de fútbol en casa de un amigo. Una vez fortalecido el macho, con su logia de pipí, podrá estar nuevamente preparado a servir a su género opuesto, con toda la seguridad de que ese acatamiento se hará de forma voluntaria pues la mujer nos ha permitido, al menos por un rato, tener un club en donde las niñas no pueden entrar.

Álvaro Vélez (truchafrita)

domingo, 10 de abril de 2016

Una respuesta abre otras preguntas

La historia comienza en 1965, durante la Exposición Universal de Nueva York. Una comparsa de gigantes desfila por las calles de la gran manzana. Se trata de los gigantes de Pamplona, figuras hechas con tela, metal y madera, de las fiestas de San Fermín. Sin embargo, algo que sucede develará el verdadero talante de la época: dos gigantes que representan figuras negras no son permitidos en el desfile, lo que desatará la protesta, y posteriores desmanes, de muchos de los espectadores del gran desfile en Nueva York.
Estamos en los Estados Unidos de los años sesenta, en los que el racismo y la segregación racial están a la orden del día. Así que lo que parecería “normal” para muchos espectadores norteamericanos, en ese desfile de gigantes en Nueva York, es todo un impacto para un extranjero, en especial para el vasco Manex Unanue, quien pertenece a la comitiva del desfile de gigantes. Ese hecho, desafortunadamente cotidiano en ese momento y lugar, hace también que un hombre extraño a la situación como Manex logre entablar amistad con un negro del Bronx. Esta amistad es el comienzo de toda una aventura que se titula Black is beltza (editado en Colombia por Rey Naranjo Editores, 2015).

Esta aventura, en formato de historieta, es lo que podemos llamar un road-comic, un relato que viaja a lo largo de varios lugares y que involucra muchos personajes y situaciones. El hilo conductor es un amor y es también una búsqueda, adosada con la política y los movimientos sociales de la época, al mismo tiempo que con algunos coqueteos con la cultura y las artes de ese momento, y todo envuelto en una intriga internacional, con escapes, asesinatos, secretos y espías a bordo. Con Manex vamos a pasar de la agitada Norteamérica de los años sesenta, con los Panteras Negras y la noche musical del Bronx, a la Cuba revolucionaria de Fidel y sus barbudos, y de ahí a Ciudad de México y a la díscola Tijuana, luego a Los Ángeles, para descender después a un mítico festival de rock en Monterrey. La intriga continuará en San Francisco para subir luego a Montreal, hasta pasar el gran charco y llegar a la joven y libre Argelia, para finalmente terminar este tour de force en la ciudad de Madrid.


Pero con los lugares llegan también los personajes. En Black is beltza, Manex conocerá grandes hombres del momento: Malcom X, Muhammad Ali, el Che Guevara, la banda Velvet Underground, Andy Warhol, Jimi Hendrix, Emory Douglas, entre otros. Con algunos se topará de casualidad, a otros simplemente los verá a la distancia o entablará una pequeña conversación, y con unos pocos vivirá experiencias únicas, como el viaje de hongos acompañado del mismísimo Juan Rulfo. Parte de estas estas experiencias, y lo que hay alrededor de Black is beltza, las explica Fermín Muguruza en una entrevista:

En 1965 aparecen en la historia dos gigantes negros reales: se trata de Malcom X y su asesinato y Muhammad Ali y sus peleas tanto dentro como fuera del ring. En 1967 llegan muchos sucesos políticos: la guerra de los Seis Días, la de Vietnam, la joven independencia de Argelia, la lucha por la de Quebec, el movimiento de los Panteras Negras, la guerrilla del Che Guevara en Bolivia; también hitos culturales como el estreno de la película de Pedro Páramo y El llano en llamas de Juan Rulfo y la de La batalla de Argel, pasando por la edición del libro de Guy Debord titulado La sociedad del espectáculo; además, en lo que respecta al apartado musical, entre otros muchos, tuvo lugar el Festival del Monterrey, donde en la obra el lector podrá ver, sentir y conocer a Jimi Hendrix, Janis Joplin y Otis Redding (Tomado de www.eitb.eus).

Black is beltza es una novela gráfica hecha a seis manos: Fermín Muguruza es quien ha escrito la base de la historia (a Muguruza lo conocemos, desde la década de los ochenta, porque formó parte del grupo de ska-punk Kortatu), a Fermín se le une Harkaitz Cano, quien en su calidad de escritor ayuda a crear y pulir el guión de la novela gráfica. Y, finalmente, Jorge Alderete es el encargado de dibujar. En cuanto a la historia y su guion, es inevitable no encontrar una cercanía con las dos obras de Alberto Breccia y Juan Sasturain: Perramus y Diente por diente. La primera es una correría de aventuras en medio de la dictadura argentina, con comandos de la Triple A pisándoles los talones, en la década de los setenta, y la segunda una continuación de Perramus pero en un tono menos político, que se centra en la búsqueda de la dentadura de Carlos Gardel, diente por diente.
Desde el punto de vista gráfico, Black is beltza tiene varias y afortunadas características: la historieta está hecha con un dibujo de pincel grueso que le da cierto aire clásico a la historia, y al mismo tiempo cuenta con tramas mecánicas (grises con mallas de puntos) que refuerzan esa sensación de que estamos leyendo un cómic con fuerte influencia estética de algunas décadas atrás. Otra característica llamativa de la historieta es que está hecha a dos tintas, y más especial aún es que la segunda tinta, que combina con el siempre negro, cambia de color en cada capítulo o aventura que emprende su protagonista: un azul en Nueva York, un verde en Cuba, un sepia en México, etc.


Las seis manos que han logrado Black is beltza han cumplido con su cometido: adentrarnos en una historia apasionante, conectarnos con Manex Unanue y acompañarlo en sus correrías, reconocer personajes y conocer otros más, y visitar sitios apasionantes y otros sórdidos o convulsionados, románticos o difíciles. Han conseguido rodearnos por un momento de algo de la atmósfera reinante en esos turbulentos años sesenta. Black is beltza es de por sí una redundancia, algunos ya la intuirán, otros seguro ya la reconocieron con solo leer el título la primera vez. Pero sea que no sepan de qué se trata, que lo intuyan o que hayan encontrado de primera el truco de la frase, seguro van a hallar una respuesta más profunda en el libro. Eso sí, una respuesta no solamente es una puerta que se abre.

Álvaro Vélez (truchafrita).
Originalmente en la Revista Universidad de Antioquia, 323 (ene-mar de 2016).

viernes, 18 de diciembre de 2015

Crumb, el gran dibujante

Pongámonos serios y hablemos del más grande dibujante de cómics vivo: Robert Crumb (Filadelfia, 1943). Dos libros, para empezar, hablan hoy de ese monumento vivo que es Crumb: Tus ganas de vivir me horrorizan. Correspondencia 1958-1977 y R. Crumb. Entrevistas y cómics. Durante más de cuatro décadas —con un pequeño periodo oscuro durante los años ochenta— Robert Crumb se ha mantenido en la cresta de la ola del cómic norteamericano y mundial.


Se puede decir que Crumb dibuja desde que tiene uso de razón; de eso nos enteramos por el documental acerca de su obra, dirigido por Terry Zwigoff titulado, de manera concisa, Crumb (1994). A ese documental se le han sumado en los últimos años dos obras que ayudan a completar las vivencias y personalidad del gran dibujante. En Tus ganas de vivir me horrorizan. Correspondencia 1958-1977 (Dolmen Editorial, 2009) presenciamos el periodo de formación de Crumb. Se trata de una serie de cartas enviadas a dos de sus grandes amigos de la adolescencia y la primera juventud: Marty Pahls y Mike Britt; ellos serán los depositarios y cómplices de la pasión de Crumb por la música tradicional norteamericana, por el coleccionismo de discos de vinilo y cómics y, sobre todo, por el dibujo de historietas. Dudas, arrebatos, desencantos, obsesiones y temores asaltan al dibujante en la correspondencia a sus amigos, que cubre casi dos décadas. Pero también, en esas cartas, están consignados todos los obstáculos, frustraciones y deseos del adolescente Crumb: su familia disfuncional, la pobreza, sus fallidos intentos de socializar con el mundo que lo rodea, con sus compañeros de colegio y, sobre todo, con las mujeres. Este último aspecto es el que más constancia tiene en sus misivas y el que, a la postre, se convertirá en una de las columnas vertebrales de toda su obra en historieta.

No tengo nada contra las chicas. De hecho no soy lo que tú llamarías un “ardiente feminista”. Idolatro la naturaleza femenina (¿quién no?). Lo que pasa es que la mayoría son como tu amiga Carol… Sólo buscan la felicidad artificial. Lo que creen que quieren no es realmente lo que quieren en absoluto. Hay algunas excepciones, supongo. Pero no puedo llevarme bien con las chicas porque no encajo en sus ilusiones. Lo que quiero dar, ellas no parecen quererlo. No sé. Quizás cuando sean mayores. (Dover, 28 de mayo de 1961).

En su correspondencia también podemos apreciar la profunda dedicación de Crumb por el dibujo de historietas. El maestro se hace a pulso, a punta de trabajo duro y constante. Aunque más que empeño se trata de una obsesión. Comparte con sus amigos sus inquietudes como dibujante, las metas que quiere alcanzar, analiza el panorama del dibujo de cómics en su época, los dibujantes que más aprecia de su presente y su pasado, las publicaciones que acogen o acogieron a esos dibujantes. Parece que todo el tiempo Crumb está pensando en su obra, o mejor, en cómo quiere crear su obra.

Creo que la mayoría de los dibujantes se vieron obligados a hacer del dibujo el trabajo de su vida porque descubrieron que no estaban hechos para la vida que la mayoría de los hombres viven... No podrían haberse adaptado a las normas, así que se fueron por su propio camino y crearon sus propios mundos... Noto que cuando hay un montón de gente y cosas a mi alrededor con las que disfruto, descuido mi dibujo completamente... Me importa un bledo éste... Pero tarde o temprano siempre vuelvo a él... Es como un refugio contra la terrible confusión y tristeza de la vida real... (Cleveland, 17 de agosto de 1963).

Vemos, a través de sus cartas,el ascenso de Crumb en el mundo de los cómics (por lo menos en Estados Unidos o en la costa oeste, en especial en San Francisco), desde el chico de quince años temeroso del mundo hasta el joven de veinticuatro años empezando a disfrutar de las mieles del éxito. Bueno, ese éxito también viene acompañado de problemas legales y maritales, asuntos nada agradables que serán un poco más claros en otro de los libros acerca de su vida y obra.


En R. Crumb. Entrevista y cómics (Gallo Nero Ediciones, 2014) se resuelven nuestras dudas acerca de algunos pasajes de la vida del gran dibujante: cinco entrevistas para editores y revistas especializadas compila el libro (entre 1984 y 1995). Aquí Crumb lo cuenta todo (o casi todo): su niñez y adolescencia en medio de las peleas entre sus padres y la autoridad de su hermano Charles, la locura de Charles y el descarrile de su otro hermano Maxon, la distancia con sus hermanas desde la juventud, sus primeros pasos en la vida laboral, el ascenso al éxito y los problemas de la fama. Todos los tópicos que se pueden encontrar en sus historietas son tratados en esta serie de entrevistas: por supuesto, su extraña relación con las mujeres, su sentido antisistema, el retraimiento que le permite su oficio, el amor por su hija, su remordimiento por haber estado distanciado de su primer hijo, el profundo respeto que siente por la música tradicional norteamericana (en especial por el blues, por la música negra de principios del siglo XX) y el desprecio absoluto por el poder político y económico.

Podría decirse que el europeo medio también es idiota, pero su sistema incluye un poco más a la gente. Están un poco más informados, de una manera inteligente. Sus medios de comunicación y todo eso no tienen un enfoque tan sensacionalista. También hay periódicos estúpidos que no hablan más que de cotilleos, pero no es lo único que hay. (De una entrevista realizada por Gary Groth y publicada originalmente en The Comic Journal, abril de 1993).

También se encuentra, en esta serie de entrevistas, la opinión de Crumb con respecto a su ascenso en el mundo de los cómics, su primer éxito de los años sesenta y setenta, impulsado por la onda hippie –a la cual nunca perteneció de lleno y que, por eso mismo, logró superar– y los movimientos contraculturales de la época, cuyo epicentro fue la ciudad de San Francisco, en la cual Crumb se afincó por un buen tiempo; su “retiro” del gran escenario de las viñetas, en los años ochenta, una salida involuntaria, pues se trataba más bien de un desgaste del mundo de la contracultura y el hipismo de los sesenta; y, finalmente, su gran reaparición después de estrenarse el documental Crumb, en 1994.


Quizás no todos opinen lo mismo, tal vez reciba comentarios reprobatorios de algunos lectores (unos insultarán, espero que pocos), pero me reafirmo en el hecho de que Robert Crumb es el dibujante vivo más importante del presente. Quizás algunos vean que tal título le queda mejor a un dibujante europeo o incluso, y más aún, a uno japonés. Pero después de haber leído gran parte de su obra (y como ya dije, constante durante más de cuarenta años) y de haber disfrutado de algo de su mundo más íntimo y de sus opiniones particulares acerca de casi todo en su libro de correspondencia, en el libro de entrevistas y en el documental de 1994, creo que no me queda ninguna duda acerca de la altura de Robert Crumb, el gran dibujante.

Álvaro Vélez (truchafrita).
Originalmente en la Revista Universidad de Antioquia, 322 (oct-dic de 2015).

miércoles, 4 de noviembre de 2015

Edición ciento veintisiete y ciento veintiocho

Un prólogo de Joe Sacco sobre su inclusión en el club de los dibujantes ricos (bienvenido Joe, te demoraste un poco pero llegaste. Aquí siempre hay wiskhy, leche y miel); las ventajas y desventajas de casarse, por el joven Charles Darwin y las colaboraciones, locales y más importantes, de Byron Alaff, Nomás, Luto y Truchafrita.
Pase usted, está es la edición doble de ROBOT (127-128), de agosto-septiembre de 2014, en digital:




viernes, 18 de septiembre de 2015

Edición ciento veintiséis

Después de la resaca de las elecciones presidenciales en Colombia, y del campeonato mundial de fútbol, de Brasil 2014, veía la luz la edición 126 de tu gacetilla amiga (sí, la de siempre, la de comiquitas). En esa ocasión (en julio de 2014) colaboraron para que fuera posible Luto, Marco Noreña y Truchafrita (ah, y con la participación especial del siempre recordado dibujante español Nazario). Fue una buena época, fueron buenos cómics, fue una buena edición esa gacetilla de ROBOT. Por eso, esta vez, está aquí para que ahora la disfrutes en digital:


miércoles, 19 de agosto de 2015

Edición ciento veinticinco

La decana de las gacetillas de cómics en Colombia, Robot, salía con su edición 125 en junio de 2014. En pleno campeonato mundial de fútbol (el de Brasil 2014) los cómics seguían fluyendo (puede llover, llorar, tronar o caer rayos y Robot siempre saldrá) con colaboraciones de Luto, Truchafrita y una intervención de Scott McCloud. Aquí está la edición en digital: