martes, 23 de junio de 2009

Parrilladas e historietas en Buenos Aires

Del viaje al Festival de Viñetas Sueltas quedaron muchas cosas, entre muchas algunas fotos, experiencias y aprendizajes. Truchafrita nos habla de algo de eso en esta pequeña crónica acerca de su aventura en el cono sur, es lo mínimo que podía hacer después de que la Editorial Robot le pagó el viaje hasta Argentina.
De todas formas Truchafrita promete una crónica más pormenorizada, con secretos, chismes y trapitos sucios, en unos días en su propia página web, por el momento disfruten mientras tanto de esto que nos cuenta y muestra aquí:



El cómic en Latinoamérica adolece, en su conjunto, de estrategias de mercado, de una industria editorial que impulse el trabajo de viejos y nuevos creadores y de un público informado que lea con avidez dichos productos editoriales. Estas son, desafortunadamente, algunas de las conclusiones que pude encontrar charlando, entre producciones, muestras, exposiciones e intervenciones callejeras de cómic, con algunos creadores y editores en el Segundo Festival Internacional de Historietas de Buenos Aires, cuyo objetivo principal es contribuir a la difusión del cómic y así, justamente, ir disminuyendo un poco esas características desafortunadas del medio en América Latina.







Entre el 25 y el 31 de mayo de este año se llevó a cabo la segunda entrega de la que es, desde ya, la cita anual más importante de la historieta en Latinoamérica –contando además con el Encuentro Internacional de Historietas de La Paz (Bolivia), llamado Viñetas con Altura, que ya va para su octava versión–. Y es quizás la más importante porque, según me enteré este año, para su segunda versión el Festival de Viñetas Sueltas de Buenos Aires,
que es así como se le conoce también, creció de una forma exponencial con respecto a la primera versión del año pasado: aumentaron los invitados latinoamericanos y de otras latitudes, al mismo tiempo que todas las muestras en general.






El Segundo Festival Internacional de Historietas de Buenos Aires tuvo como sede principal el Centro Cultural Recoleta, ubicado en el prestigioso barrio del mismo nombre y al lado de su famoso cementerio, aunque también hubo encuentros y muestras importantes en la Alianza Francesa y en Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA). En esta edición se le rindió un homenaje a Carlos Trillo uno de los más destacados guionistas de cómic argentino; obras de Trillo junto a dibujantes de gran trayectoria fueron expuestas en el Centro Cultural Recoleta, personajes inolvidables para algunos de sus lectores como el Loco Chávez, Buscavidas, Cibersix, Alvar Mayor, entre otros. Otras importantes muestras fueron expuestas en el C. C. Recoleta como las de los italianos Andrea Bruno y Paolo Parisi; la exposición Motus, del canadiense Leif Tande; la muestra Mapa de la Historieta Latinoamericana, que exhibió más de un centenar de trabajos de creadores de la historieta en nuestro continente; la muestra Viaje con Nosotros, sobre la obra de seis grandes creadores del cómic español: Gallardo, Keko, Mauro Entrialgo, Max, Micharmut y Miguelanxo Prado, en un excepcional montaje hecho, en principio, para una exposición en el Museo del Prado. Pero también hubo otras exposiciones en diferentes lugares de la ciudad: Testimonios de Resistencias, del francés Etienne Davodeau; la muestra de Lucas Nine, en la galería LDF o la exposición Samurai, de Sebastian Dufour, en la galería Casa L´Inc.






Como todo buen Festival éste contó con una serie de talleres y charlas que fueron dictadas, por algunos invitados extranjeros y locales, durante la semana que duró el evento. Al mismo tiempo el Festival de Viñetas Sueltas reservó un importante espacio para la exhibición y venta de material editorial. Varias editoras, entre grandes e independientes, atendieron a la cita y del significativo conjunto de propuestas impresas, entre fanzines, revistas y novelas gráficas argentinas, también pudieron apreciarse publicaciones de Bolivia, Brasil, Chile, Perú, Uruguay y Colombia, entre algunas publicaciones europeas, japonesas y norteamericanas, importadas por librerías argentinas.





Una de las cosas que me sorprendió del Festival Internacional de Historietas de Buenos Aires fue la gran afluencia de gente al evento. Era habitual el comentario de los locales sobre el bajón que ha tenido la historieta argentina en la última década, sobre todo desde el punto de vista editorial, sin embargo el tremendo contraste que brindó la cantidad de público asistente me hacía dudar sobre la queja habitual de los creadores locales –Obviamente, mi sorpresa era tal porque comparaba dicha situación argentina con la colombiana, en donde el panorama es muy deficiente–. El público pudo apreciar entonces la gran cantidad de muestras, asistir a la presentación de libros y revistas, a los talleres con previa inscripción y a la feria de publicaciones.




Pero lo que más me gustó de este evento fue justamente, además de la intelección con el público lector, la interlocución que se logró con algunos creadores de historietas de otros países. Tuve la oportunidad de charlar con el canadiense Leif Tande y conocer sus obras llenas de ejercicios narrativos, además editadas por la preciosa y meticulosa editorial La Pastèque; conocer de primera mano el trabajo del suizo Alex Baladi y del francés Etienne Davodeau; charlar, alrededor de unas cervezas, con Favio Zimbres, pieza fundamental del cómic underground brasileño y conocer un poco más acerca de la historieta en su país, tan desconocida para mí; comer en una variada cena de platos peruanos y conversar con Jorge Pérez-Ruibal y Jesús Cossio acerca de sus experiencia como dibujantes en el país inca; antojarme de viajar al Festival de Viñetas con Altura, en La Paz, luego de charlar con el cubano Frank Arbelo, que se encuentra afincado desde hace unos años en Bolivia; el juego de billar con los italianos Paolo y Bruno; o las charlas, alrededor de una parrillada, con Ernán Cirianni, más mexicano que argentino, Ibn Al Rabin, más argentino que suizo, Juan Navarrete, más latinoamericano que mexicano, Kráneo, de la provincia de Neuquén, Fabián Zalazar, las dos del apellido con zeta y muy argentino, Frank López, argentino también pero más loco que todos. Al igual que con muchos otros la conversación fue de lo mejor (con Otto Zaiser, Lucas Varela, Cristian Mallea y la gente de La Productora en la ciudad de Morón, Cecilia Salguero, Luciano Brom, Thomas Dassance, con los uruguayos y otros más que no me acuerdo), además de las cervezas y los vinos, y que muchas de esas cosas las combinábamos con una muy buena cena y una que otra parrillada, porque en los escasos quince días que estuve en Buenos Aires eso fue lo que más me gusto y lo que creo que mejor saben hacer los argentinos. Ah, pero también gocé mucho con los cómics, por eso para mí el Segundo Festival Internacional de Historietas de Buenos Aires fue, sobre todo, parrilladas e historietas.



6 comentarios:

DanielJQ dijo...

Vea pues, interesante el cubrimiento. Y a la espera de los trapitos sucios. Ah, y... ¡loas a Jerónimo!

Anónimo dijo...

Aguante Trucha!!! Sos grande!!!

Nell dijo...

Por ahora me tocó de las botellas de Fernet. Trucha es feliz! Como el post es extenso... y denso ahí lo voy pillando con calma. Saludos

ernan dijo...

truchas que dice jeronimo que sos un capanga¡
y nos hubieses dicho que te gustaba el beber, te hubiesemos dado bebida, pero estabas con eso de la anorexia que no te dimos nada
ya nos veremos en medellin

truchafrita dijo...

Gracias Ernán por recibirme tan bien. Lo de la bebida estuvo bien, aunque extrañé mucho el ron.
¿Eso que dice Jerónimo es bueno? Igual no importa que capanga sea malo o bueno, todo lo que dice Jero es para creer.

Un abrazo.

Mario dijo...

Me interesan las distintas historias de la ciudad de Buenos Aires, ya que me encanta poder disfrutar de los hechos que ocurren allí. Si bien suelo ir a comer afuera y vivir diferentes anécdotas, también a veces opto por pedir comida al delivery recoleta