miércoles, 8 de noviembre de 2017

El cómic en Colombia no existe

Esta frase, con la que encabezo esta larga perorata, y que la he dicho en charlas, entrevistas y conversaciones con amigos, me ha granjeado miradas de desaprobación, feos encuentros, burlas y calificativos nada gratos hacia mi persona y hacia lo que hago. Voy a explicar, por última vez y esperando que dicha explicación aclare de una vez y por todas mi afirmación, para que la discusión acerca de este asunto y de otros más, sobre la situación de la historieta en Colombia, avance.
El comic en Colombia no existe porque la manifestación no se encuentra inmersa en la sociedad colombiana. Claro que hay dibujantes, claro que hay publicaciones, pero el impacto que genera la historieta en Colombia es casi nula. Muchas veces me preguntan por qué la historieta no ha tenido ese impacto, mi respuesta es clara: no existe una tradición continuada de la historieta en Colombia. Claro que hay gente dibujando desde principios del siglo XX, claro que hay casos de dibujantes a mediados del siglo pasado, de la década de 1960, 1970 y demás, pero son sólo eso: “casos" Se trata de “anécdotas” dentro de un largo siglo en donde no se logró cuajar una verdadera tradición, en donde los dibujantes de ahora pudiéramos sostenernos para seguir construyendo. Pero no sólo eso, una tradición que le mostrara a una sociedad que la historieta es una manifestación artística que puede hacer parte del baluarte cultural de una sociedad (como la música, la literatura, el cine, etc.).
Decir que no existe no quiere decir que niego mi propio oficio, eso sería absurdo. Mucho menos, decir que el cómic en Colombia no existe es desconocer esos logros esporádicos, y muy loables, pero cortos a la hora de hablar de una manifestación que cale en la sociedad. Decir que no existe es decir que no se encuentra en el imaginario de la sociedad. Yo dibujo historietas, pero en Colombia, mi oficio no tiene ningún valor para el común habitante del país. No existe en el imaginario, porque no hay una constante en términos de circulación, de creación, de publicación, de lectura.
Para que la historieta exista en, por ejemplo, Colombia se necesitan en principio cuatro instancias, las cuatro se complementan, se alían en una relación de mutuo apoyo:
Los lectores, que son la base de todo este asunto. Pero lectores conscientes de lo que van a “consumir”, lectores que busquen (aunque a veces se encuentren) obras de su gusto, dado por su propio criterio (un criterio creado por años de lecturas juiciosas), por sus propios referentes (o dados por otros, o por una crítica de la historieta). Se necesitan lectores de historietas, un público ávido de leer, no gente curiosa por una moda. Porque ese es el problema real en el que podemos estar cayendo: que esto sea simplemente una moda, y cuando la moda pasa quedan los escombros (y los pedazos los recogeremos siempre los que hemos estado en este mundillo más allá de la “moda”).
Autores. O por lo menos dibujantes. Cuando me refiero a autores, es gente que asume el dibujo de la historieta como un oficio. Esto no se consigue de la noche a la mañana, por varias razones: porque la historieta no deja dinero, no es un oficio rentable, entonces hay que asumir que si se va dibujar va a haber un largo periodo en donde no se va a recibir un solo peso de lo que se hace (sería maravilloso ganar desde que se empieza, pero en casi todas las profesiones y oficios siempre hay un periodo de aprendizaje, con la excepción de que en el mundo de la historieta este periodo puede durar años y hasta décadas). Entonces empiezan las deserciones porque se cree, en el calor de la pasarela, que dibujar es pararse con una cerveza en una reunión y saludar gente. Dibujar historietas, como oficio, es pensar todo el maldito día en ello, cuando no se está dibujando (cuando se está dibujando es sentar el culo horas y horas, incluso sabiendo que lo que estás haciendo no le va a importar a nadie y no vas a recibir un peso por eso). Hay pocos en Colombia que tienen el oficio. Qué tremendo daño le hacen a la historieta esos que como golondrinas se pasan un rato por el cómic y luego emigran hacia el Diseño Gráfico, la Publicidad, el tatuaje, porque parece que por allá si hay dinero (si eres no de esos te imploro honestidad, para que no hagas daño por estos lares). El autor tiene la historieta como una pulsión, creo que eso es lo que me gustaría que hubiera más en Colombia.
Editores, los hay pero pocos. Ojala haya más (como en todos los casos), porque la historieta es muy amplia en estilos, estéticas y contenidos, y se necesitan editores que publiquen una amplia variedad de historietas en estilos, estéticas y contenidos, con diferentes formatos, con diferentes precios, para diferentes públicos. Pero, paremos: el cómic no existe en Colombia porque los editores no editan cómics. No editan porque la gente no compra historietas (no hay lectores para una oferta amplia) y hay muy pocos dibujantes que puedan suplir la variedad que podrían ofrecer los editores.
Críticos. De estos sí que no existen… Primero, porque no hay espacios para hablar de historieta (prensa, radio y, mucho menos, televisión). El crítico, o por lo menos el comentarista o reseñitas, de historietas es fundamental en toda la cadena, es el enlace entre lectores y autores, entre las editoriales que quieren poner sus títulos en manos de lectores, por medio de un comentario, una reseña o una crítica en, por ejemplo, prensa.
La prensa está de espaldas a la historieta. Lo que antes era la columna vertebral de la divulgación del cómic en el mundo, en Colombia no existe (y casi que tampoco ha existido antes). Sé que hay otra dinámica ahora, que la prensa ya no es tan importante, pero si consideramos ese olvido histórico, esa indiferencia de tradición de la prensa colombiana frente a la historieta el panorama se vuelve aún más desalentador.
La completa ignorancia del público, en general, frente a la historieta. Por ejemplo, aquí le dicen “caricatura”, y esa es una manifestación muy bonita pero no es cómic. Hagan el ejercicio de preguntarle a alguien en el calle si conoce o a leído una historieta en su vida y verán que responde (no saben qué es eso, con qué se come. No está en su imaginario cultural). Unos dibujantes, con oficio, que sobreviven de otras profesiones, a pesar de que les encanta hacer historietas (y a pesar de todo, y frente a todos los obstáculos: económicos, de la indiferencia, de la ignorancia, siguen dibujando). Unos editores, que ahora miran más que editar de afuera o buscando fórmulas para lograr ventas en historietas, y a quienes no se puede criticar porque aquí no hay quien compre lo que se hace aquí y, además los dibujantes somos muy malos, porque en parte se nos paga muy mal por lo que hacemos (y no le hemos dado el suficiente tiempo a desarrollar a cabalidad nuestro oficio, por trabajar en otras maricadas). Y una crítica inexistente, para comentar o reseñas obras de cómic colombiano que no existen, y para un público que, además de que no lee nada, le hace ascos al cómic porque “la caricatura es para niños”.
Insisto, hay lectores, hay dibujantes, hay editores y uno o dos críticos o reseñistas. Es maravilloso, y hasta increíble, que los haya en una situación y un ambiente como este. Pero eso no hace que exista el cómic en Colombia. Existen ésos, pero no una verdadera manifestación que cale en un porcentaje importante de la población. Son casos, anécdotas, bonitos ejemplos de gente esforzándose. Todo eso suena muy lindo, muy romántico, pero si queremos que la cosa funcione tenemos que decirnos las cosas como son.
Porque esa frase que tanto molesta a muchos (y que se supone que es una negación de mí mismo oficio, y que obviamente no es tal, porque no soy tan pendejo como para negarme más de dos décadas dibujando historietas) se dice para que despertemos, para empezar a sudarla duro a ver si los nuevos lectores disfrutan de eso tan bonito que muchos hemos disfrutado toda la vida. A ver si a los dibujantes se les dignifica, a ver si los editores empiezan a recibir el dinero que se merecen por su esfuerzo, y a ver si los críticos nos ayudan a saltar hacia otros niveles de la estética y la narración en las historietas.
Espero que haya quedado un poquito claro de por qué digo que en Colombia el cómic no existe (sino, hablamos en los comentarios de abajito).

Álvaro Vélez (truchafrita)

3 comentarios:

german cañellas dijo...

Para mi fue una sorpresa grata encontrarme en Medellin un fanzine de nivel y ademas gratuito como la revista robot.desde los primeros años 80s y por la amistad con un amigo madrileño y otro amigo musico de medellin,Victor garcia,me encarreté mucho con el comic,luego al ir a vivir a Barcelona la primera vez en 1987 todo quedó mas claro,esto es serio y además muy ludico!
Por desgracia hay otras expreciones artisticas que no existen en Colombia como el rock por ejemplo,lo digo en el mismo sentido de tu publicación.
Larga vida al comic,señor truchafrita!

robot dijo...

Germán vos sabés mas que yo que la historieta en España funciona un montón más que aquí (a pesar de que muchos de mis amigos y colegas en España se quejan un mucho, y con razón). Si en España se quejan, ¿aquí por que no? El punto es que hay que quejarse y trabajar al mismo tiempo. Un abrazote Germancito hermano, te recuerdo mucho. Cuando vuelvas a Colombia vas a ver que Robot todavía existe, que todavía circula por las calles de Medellín.

Anónimo dijo...

Colombia es un imaginario colectivo